Inclusión financiera: descartando mitos y aceptando realidades

La banca tradicional, en su discurso, busca pintar una imagen en la que está con el pueblo. Se hacen ver como instituciones que representan a “todos los ticos”, que son la banca “de todo el país”. Esas son el tipo de frases que leemos y escuchamos en uno que otro mensaje publicitario de los bancos, pero, una vez que se pone bajo lupa este tipo de afirmaciones contra datos, hay mucho material para poner en duda su veracidad. 

Partamos de la siguiente imagen: 1 de cada 3 personas mayores a 15 años (aquellas que forma parte de la población en edad de trabajo o PET) están excluidas o se excluyeron a sí mismas del sistema bancario nacional
 
Alrededor del 32% de las personas no han sido bancarizadas del todo o simplemente dejaron de dar uso a sus cuentas y servicios bancarios. Esto no es, para nada, una cifra despreciable: son más de 1.2 millones de personas.  

Estamos hablando de todo un universo de necesidades e historias en las cuáles la banca es totalmente ajena, personas que solo creen en el uso de efectivo, que no confían en los bancos o que tienen barreras para solicitar crédito en estas instituciones. Nada de esto es un secreto de Estado, literalmente, ya que esta es información que es accesible de manera pública por la SUGEF

Así que, podemos hacer check en nuestro primer punto: demostrar que la banca tradicional no es esta cobija que arropa a toda la población. Por el contrario, le está dejando una oportunidad, una ventana amplia a las fintechs o, por ejemplo, a una Súper App (ajá, como nosotros) que quieran generar una verdadera inclusión financiera.

¿Por qué inclusión financiera?

Esto se debe a que hace referencia a las poblaciones de menor ingreso. A todas las que no pueden acceder a ningún tipo de crédito, a pesar de que estas son poblaciones que usualmente tienen más gastos que ingresos en su hogar. El 79% de los créditos se les brindan a personas con buen ingreso y buen récord crediticio. Ese grupo no es, para nada, una mayoría poblacional.  

Es un desierto de información, con un análisis amplio el que aún debemos recorrer. Eso no aplica solo para OMNi, sino también para cualquier fintech nacional y regional que quiera lanzarse en la aventura de entender cómo cerrar estas brechas y realizar la tarea que la banca tradicional no ha podido

Debemos entender cómo hablar con personas cuyos ingresos son mínimos, cuya velocidad de descarga puede ser bastante reducida. Incluyendo a migrantes de un país con peor desarrollo social o cuya curva de aprendizaje tecnológica no es tan avanzada. Y esto solo por mencionar cuatro realidades de distintos tipos de personas desbancarizadas. Todas ellas no aplican para un crédito o quienes no le han encontrado sentido a la banca en sus vidas. 

En el grupo de menor ingreso social, que incluye a 1.2 millones de personas, el 25% están desempleadas. No lo estamos exagerando, son conclusiones reales a partir de analizar data pública del Instituto Nacional de Estadística y Censos.

¿Qué vacío puede llenar las fintechs con personas desempleadas?

¿Y con personas indocumentadas? No pretendo dar respuesta a estas preguntas en este mismo espacio. Eso lo vamos a dejar para otro día (por lo menos ya entendemos algunas cosas), pero sí es importante comprender que es muy simple incluir financieramente en nuestras iniciativas a quienes “la tienen fácil”. Responderse las preguntas claves con aquellos que “la tienen difícil” es un baile completamente diferente.  

ESE es un reto más grande que el mismo sistema bancario nacional. Al final del día, no es el mito invencible que tal vez algunos querían hacernos creer.

Me gusta imaginar que cada empresa de tecnología, más allá de la nuestra, dirigida por gente joven, busca generar un cambio en la sociedad. Que va a tomar en cuenta primero a aquellas personas que fueron dejadas de lado por viejas prácticas sociales, de consumo o políticas. El nuevo mundo, no puede ser igual que el anterior. De eso, se trata la inclusión financiera. 

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