Bancos del sistema financiero costarricense deterioran la calidad de vida de sus usuarios

  • La relación entre un banco y sus clientes genera alteraciones de tipo psicológico, fisiológico y mental en las personas. 
  • Entidades aprovechan el desconocimiento que tienen sus usuarios en materia financiera para sostener su gestión comercial. 

San José, Costa Rica. La relación que existe entre las instituciones bancarias del sistema financiero costarricense y sus usuarios está caracterizada por los daños ocasionados en la calidad de vida de las personas. El desconocimiento frente a cada uno de los trámites y el vacío en la educación financiera de la población, se convierten en la oportunidad para colocar productos o servicios sin medir sus consecuencias. 

Según la Superintendencia General de Entidades Financieras (SUGEF) en su encuesta de inclusión financiera del año 2020, el 78% de las personas encuestadas nunca han tenido un préstamo o una tarjeta de crédito. Además, resalta que un 38% no lo hace por el nivel de desconfianza que tiene del sistema financiero, lo cual hace que, ante un alto nivel de resistencia, las entidades financieras busquen la forma de innovar constantemente en sus tácticas comerciales. 

Para Noily Mesén, asesora financiera, el impacto negativo en la calidad de vida de las personas se origina desde antes, inclusive, de que una persona acceda a obtener un producto o servicio, pues las personas que representan a los bancos no son asesores financieros, sino ejecutivos de ventas, esto hace que, ante una típica gestión comercial, conformada por llamadas telefónicas, mensajes de texto o correos electrónicos, no se evalúe el bienestar de las personas. 

“Los bancos no son nuestros socios o amigos. Hay que tener claro que el sistema financiero no está para ayudar a las personas, por lo que es una responsabilidad individual tomar acciones frente a este tipo de relación. Es incorrecto creer que solo a través de esta relación se puede tener una salud financiera estable, hacerlo así, origina la dependencia a las herramientas que se nos ofrecen y no medir las consecuencias por el desconocimiento que se tiene”, señaló Mesén. 

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La ansiedad de no saber qué es lo que está pasando, por qué se establece ese tipo de cobros o no encontrar la forma de responder frente a los compromisos adquirido, deterioran la calidad de vida. Como una bola de nieve, los daños siguen apareciendo y se manifiestan como insomnio, cambios drásticos de humor, problemas interpersonales con parejas, familiares o amigos, agotamiento físico, disminución en la productividad laboral, entre otros. Inclusive, de no tratarse a tiempo, existe la posibilidad de la pérdida del trabajo y según la Organización Mundial de la Salud (OMS) es una de las principales causas de suicidio. 

“He tenido casos de personas que me dicen que, al despertar cada día, en lo primero que piensan es en cuanto tienen que pagar, si mantendrán el trabajo para poder hacerlo o a qué hora me llamarán del banco”, agregó la psicóloga.  

La recomendación frente a este tipo de relación desgastante es, según Noily, tomar acción de inmediato reconociendo el estado de la situación, buscar asesoría, investigar que otro tipo de relación financiera existe con métodos más ágiles y que doten a la persona de autonomía financiera, acompañado de una búsqueda constante de fuentes de información en la materia que eduquen al consumidor. 


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